Uniformes, talles y comodidad: vestir distintas corporalidades

Un uniforme es la prenda que una persona no elige, pero usa más que ninguna otra: muchas horas por día, muchos días por año. Cuando calza bien, desaparece — acompaña el movimiento, la postura, la jornada. Cuando calza mal, se nota todo el tiempo: en la incomodidad, en la seguridad con la que alguien se para frente a otros, en el ánimo con el que arranca el día.
Diseñar también es contemplar distintas corporalidades
La industria de la vestimenta trabajó durante décadas con un cuerpo estándar que en la realidad casi no existe. Nosotras elegimos otro camino: moldería pensada para diversas corporalidades, con una curva amplia de 14 talles y ajustes específicos para acompañar la comodidad de cada usuaria.
Esto no es un gesto de comunicación: es trabajo de moldería. Cada tipología corporal pide decisiones distintas de diseño y construcción de la prenda. Por eso la toma de talles es una etapa central de nuestro proceso — acompañamos a las usuarias para asegurar comodidad, buen calce y una experiencia cuidada.
La comodidad es calidad
Solemos evaluar la calidad de una prenda por sus materiales y terminaciones. Falta un criterio: cómo se siente quien la usa. Queremos que cada mujer pueda usar su uniforme con seguridad, confianza y bienestar — la comodidad forma parte de la calidad de una prenda, con el mismo peso que la tela o la costura.
Qué gana una organización con esto
Para una empresa o institución, la inclusión de talles significa que todo su equipo — no la mayoría, todo — puede vestir el uniforme con dignidad y comodidad. En organizaciones que trabajan agendas de equidad, diversidad e inclusión, la vestimenta es uno de los lugares donde esas políticas se vuelven tangibles: en el cuerpo de cada persona, cada mañana.
En 2024 vestimos a 2.410 mujeres. Detrás de ese número hay 2.410 cuerpos distintos — y la convicción de que cada uno merece una prenda pensada para él.



